Publicado en la revista "Gentleman" en julio de 2015.
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Con seguridad no les descubriré nada afirmando que el calor es el mayor enemigo que conoce la elegancia. Solo la búsqueda de una comodidad desmedida puede causar los mismos estragos que los que nos muestran las elevadas temperaturas. Si la formalidad, el frío y los colores oscuros del invierno nos ofrecen la posibilidad de ocultar nuestras carencias estilísticas, el calor nos desprende de todas esas armaduras y nos exige pensar con cierto gusto lo que meteremos en la maleta para disfrutar de las vacaciones de verano. Que no cunda el pánico y prestemos atención a cómo vestía el Gentleman de los años 30 en la época estival para comprender que no solo es posible ser elegante en verano sino que además es muy sencillo descansar y divertirnos con mucho estilo.
Los trajes de lino además de ser muy frescos aportan un estilo difícil de igualar incluso por cualquier otra lana fría. Su arruga, esa que tanto algunos maldicen, no solo ensalza su belleza sino que además nos recuerda que estamos ante una de las estaciones más placenteras del año. Y si los trajes de lino son una apuesta segura para estos meses de calor, las camisas y chaquetas de este fibra natural de origen vegetal brindan a nuestros conjuntos de día y noche una variedad y color de lo más seductor. Quitemos a estas chaquetas sus entretelas, descarguémoslas de hombreras, peguémoslas más al cuerpo y prescindamos de forros y disfrutaremos cómodamente de muchas noches de asueto. Acompañémoslas de pañuelos de bolsillo de lino de colores vivos y diseños atrevidos donde los verdes, violetas y rojos sean los protagonistas. Dejemos descansar la corbata hasta la llegada del nuevo otoño y emprendamos ahora mismo el viaje a nuestro lugar preferido de descanso.
Si nos hemos decidido por un destino de playa hay ciertas prendas que no deberíamos olvidar en nuestra maleta. Un jersey de punto de color alegre además de protegernos del aire acondicionado del avión también lo hará de las noches más frescas. A pesar de que cada día sea más frecuente encontrarnos a nuestro lado a un peligroso turista ataviado con bermudas, camiseta y chancletas de goma, intentemos tener siempre presente que los aviones son medios de transporte públicos y consecuentemente no se debería vestir como si uno estuviera en su propia casa. Disfrutar un placido atardecer mientras el agua del mar moja nuestros pies es una sensación de lo más confortante. Una camisa de lino remangada ligeramente – nunca por encima del codo - y un pantalón corto o uno largo de lino son elecciones perfectas para deleitarse de este delicioso momento. De preferir caminar por la playa a la mañana, un sombrero de paja-toquilla se antoja como el complemento perfecto para protegernos con estilo de las peligrosas radiaciones solares.
Si bien la elección del traje de baño es algo personal, debemos ser conscientes de los estragos que el invierno haya podido causar en nuestros cuerpos. Por ello, si el espejo nos recuerda lo difícil que nos ha sido privarnos de los atractivos de nuestra cocina más patria, mejor optar por un traje de baño tipo bóxer que por uno slip. Un ligero y colorido kikoi – prenda parecida al pareo - es un buen sustituto para la clásica y a veces incómoda toalla. Estos nos permiten además de tumbarnos sobre ella en la arena también acompañarnos en forma de falda al siempre socorrido chiringuito. El polo – como la camisa de lino – es el acompañante ideal con el que disfrutar de una mañana de sol en la playa. Si en ciudad no se debería abusar ni de las chancletas de goma ni de los náuticos, es en este entorno cuando ambos cobran todo su sentido. Fuera ya del mar, nuestras mundialmente famosas alpargatas se presentan como una opción difícil de batir. Los conocidos como “gominos” o drivers imprimen un toque algo más formal al conjunto que las alpargatas pudiendo vestir nuestros pies tanto para tomar el aperitivo a la mañana como para disfrutar del frescor de la noche en la terraza de moda. Es en este ambiente más formal donde los pantalones largos siguen siendo obligatorios. Sin embargo, estos, al contrario de lo que ocurría con los de invierno, serán de tonalidades alegres y más vivas. Colores como el atemporal blanco por la mañana o azules claros, verdes o incluso rosas por la tarde se presentan como opciones siempre seguras. Las pashminas de lino son un complemento muy bienvenido en verano. Estas alegrarán con estilo tanto a unas informales bermudas como a los conjuntos más vestidos de noche.
El color y la luz son dos de las notas características de esta estación. Por ello, no nos privemos de dar entrada a coloridos complementos. Los hoy tan de moda relojes de plástico de vivos tonos, los cinturones de loneta a franjas de colores o las tan actuales gafas de sol de llamativas tonalidades son todos complementos con los que disfrutar del verano en nuestro lugar de mar preferido. Igualmente, aunque la temporada que acabamos de comenzar nos anime a disfrutar de los zapatos sin calcetines, de tener que vestirlos prescíndase de los oscuros – prohibidos los negros - y escójanse modelos con algún divertido y colorido estampado. Para terminar y antes de cerrar nuestra maleta no olvidemos meter en nuestro neceser un perfume fresco y dejemos en casa el más intenso de invierno.
Autor: Jose María López-Galiacho González